domingo, 11 de abril de 2010

A ratos

Bueno, últimamente esto anda un poco abandonado, pero es que llevo una semana un poco liadilla, empezando a estudiar y todo eso.
De momento, y para ir animando el cotarro, dejo la viñeta del Erlich hoy en el País (se ve un poco mal, pero si picáis en la imagen se agranda y se ve bien)Verdad más gorda no existe. (¿Abrimos debate?)
Un abrazo. A ver si la semana que viene, empiezo otra vez con cosas interesantes (insisto en que se admiten peticiones)

jueves, 8 de abril de 2010

De nuevo

Aqui estamos otra vez... de nuevo en ruta, de nuevo viendo pasar las horas durante las clases insulsas y aburridas. De nuevo perdiendo el tiempo en callejones sin salida. Y a pesar de todo, esta vez lo enfoco con una mentalidad más positiva. Quizá porque ya es primavera ahí fuera (y no sólo en el Corte Inglés), quizá porque ahora sólo me esperan algo más de 15 días aquí antes de una fugaz escapada a tierras charras, quizá porque me estoy endureciendo... pero ahora me siento un poco más fuerte por aquí.
Y a pesar de ello sigue sin gustarme este lugar. Las más de 100 salidas desde la autopista que hay en los últimos 100 kilómetros me hacían reflexionar sobre la atroz vorágine de gente y lugares que se despliega por aquí. Una vez pasada Lleida, ya es imposible encontrar campo abierto, y no por la orografía, sino por la brutal acumulación de poblaciones, polígonos industriales e infraestructuras humanas que tachonan el recorrido. Y eso hace sentir a uno como si estuviera necesariamente en un lugar de paso. En la clase de lugar al que uno se va a trabajar, o a hacer algo importarte, pero no al lugar al que uno va para quedarse. No se si me explico... no es la clásica estampa que uno asocia con su jubilación. Realmente, no ya la ciudad, sino toda la provincia tiene un aire de gigantesco polígono industrial, de gran centro de negocios, de gran centro comercial. Un lugar que te impone un ritmo y un nivel de vida y consumo incompatibles con la vida tal y como la conocemos. La sensación es que aquí no se vive, sino que se está de paso.
Podéis llamarme pueblerino, podéis decir que si no tengo mundo, que si las grandes ciudades ofrecen desarrollo social, cultural... pero no me convenceréis. Quizá las grandes cosas se hagan en las grandes ciudades, pero la vida de todos los días, se hace mucho mejor en las pequeñas.
Una de las cosas que todo el mundo odia de Salamanca es que es imposible salir a la calle y no encontrarse con alguien conocido. Yo digo que si eso es un problema, bendito problema. Me parece desde luego preferible a sentirse un completo desconocido en medio de un millón de desconocidos. Claro que también entiendo que es cuestión de gustos...
Mañana más y mejor

viernes, 26 de marzo de 2010

El retorno

Bueno, pues escribo este post con el único objeto de informar de que este blog se queda en descanso durante unos días. Concretamente durante los días en que yo vuelvo a Salamanca a pasar las vacaciones.
Lo cierto es que nunca pensé que llegaría a echar tanto de menos aquella ciudad tan lamentable en tantos aspectos. Pero estando lejos es cuando valoras todas esas pequeñas bobadas que hacen que tu ciudad sea, buena o mala, pero al fin y al cabo eso... TU ciudad. Tu lugar, tus bares, tu gente, tus recuerdos. Mierda, tu sitio.
Creo que lo primero que haré será irme de pinchos por Van Dick... y luego de borrachera. Hay muchos sitios que merecen mi atención: Puccini, para los litros de primera hora; bolero para los chupitos de después, pa'ki pa'lla para el grueso de la noche. Y quizá, si tenemos suerte y se tercia, terminaremos en el Peepers.
En fin, me esperan largas horas de coche... pero espero encontrar lo que busco, reconciliarme con mi pasado. Arreglar algunos errores que cometí ultimamente. Ver la luz al final del tunel.
Hace unos meses me habría reído si me hubieran dicho lo mucho que iba a echar de menos a mi familia. Yo, con lo poco familiar que soy... en fin. Hace poco alguien me dijo "parece que uno cree que sabe como piensa, y sin embargo...". Quizá sea lo más sabio que he escuchado en mucho tiempo
Pues eso. Un abrazo a todos los que públicamente o desde el anonimato seguís esta pequeña bitácora.
Nos vemos a la vuelta.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Flandes (parte segunda)

Excelsa Majestad, Rey de las Españas.

Prosigo con el relato de mis aventuras por tierra flamencas en compañía de Lope de Ordás (Dios le guarde).
Abandonamos Bruselas esa misma tarde y llegamos recién iniciada la noche en Gante. Debo reconocer que la primera impresión que me causó la ciudad no fue especialmente llamativa. Quizá la oscuridad se alió con mi cansancio y apenas me fijé en las zonas residenciales por las que caminábamos. Pensé, eso sí, que esta ciudad, como casi todas las de esa zona del continente, tenía una ingente cantidad de zonas ajardinadas que le dan un aspecto ligeramente estremecedor durante la noche. Salimos y continuamos lo que ya habíamos iniciado en Bruselas: empaparnos en la cultura del pais del mismo modo en que se empapan los lugareños, con cerveza.
La cerveza es el símbolo existencial de este país, donde en una superficie ligeramente superior a la gallega, coexisten más de 200 marcas de cerveza con más de 800 productos distintos. Para el Belga, la cerveza forma parte de la vida cotidiana más que aquí el vino, y es imposible encontrar cualquier taberna o dispensario de bebidas en el que falte una amplia carta con decenas de estos deliciosos mejunjes. Debo decir que jamás he bebido tanta cerveza en mi vida como en esas escasas 48 horas que pasé en Gante, que es, por cierto, cuna del gran Emperador Carlos I.
Al día siguiente, más descansado, pude recorrer las viejas calles de la ciudad gracias a que Lope de Ordás se había afanado en conseguirme un medio de transporte acorde a la ciudad y a los tiempos. En los países bajos hay más bicicletas que personas, y realmente se nota por las calles, donde la gente se mueve sobre dos ruedas de un modo que en cualquier otro país resultaría temerario, pero que aquí es normal. Sobre el asfalto de las calles flamencas conviven armoniosamente coches, tranvías y bicicletas, en un sistema basado en el respeto hacia el más debil.
Respecto a la ciudad en sí... ¡qué puedo decir! Gante es un lugar asombroso. Una ciudad viva y moderna pero que conserva la esencia medieval que le caracteriza, tanto en los edificios (hay una cantidad increíble de casas que llevan ahí puestas desde el siglo XV o XVI) como en el urbanismo. Y no deja de ser fascinante cómo a pesar de ser una ciudad atravesada por cantidad de canales, eso no supone ningún trastorno en la movilidad ni genera la sensación de estar en una ciudad fragmentada.
Por otro lado, al igual que mi querida Salamanca, Gantes es una ciudad netamente universitaria, y eso se nota, tanto en el carácter de la gente, como en el estilo de vida, el tipo de actividad económica... A pesar de la extrañeza que genera el caminar por una ciudad tan distinta en su aspecto, no dejaba de tener un aire vagamente familiar.
Respecto a nuestras actividades allí... para qué explayarse... bebimos cerveza hasta bien entrada la madrugada, nos despertamos directamente para comer, comimos generosamente y volvimos a pasear por aquella ciudad amable, bajo un tiempo impredecible, que tan pronto nos fustigaba con lluvia, como nos cubría bajo el manto de un sol apacible.
Podría contar muchas más aventurillas y pequeños detalles, pero dudo que sean del interés de vuestra majestad. Por lo pronto, aquí termina la crónica que mis peripecias.
Esperando que cuando la reciba se encuentre bien de salud, por la presente, se despide de Vuestra Majestad.
Vuestro Leal Súbdito.

martes, 23 de marzo de 2010

Flandes (parte primera)

Excelsa Majestad, rey de las Españas,

He aquí la pequeña crónica de mi breve periplo por tierras flamencas, que gracias a la bondad de Dios, finalizó con fortuna, habiendo cumplido mi misión de traer noticias del aventurero Lope de Ordás enviado allá hace unos meses por orden de vuestra excelencia, para recabar información acerca del aquel extraño país, y de aquellas extrañas gentes.
He de decir que lo encontré, por fortuna, con buena salud, si bien ha sufrido en este sentido algunos reveses en las semanas anteriores. Esperemos, no obstante, que la llegada de la primavera suavice aquel clima perruno y le dé cierta tregua. Por lo demás lo encontré convenientemente adaptado al pais y sus costumbres, aunque como buen castellano, añorando y echando pestes de su tierra natal a partes iguales.
La primera parada de nuestro pequeño viaje juntos fue Bruselas, capital de aquel sucedaneo de país que ha dado en llamarse Bélgica y de aquel sucedáneo de lo que quiera dios que sea, que ha dado en llamarse Europa. Ciudad peculiar, que conserva por un lado parte de su regio pasado, con grandes edificios esforzados en resaltar su grandeza a base de vestirse con panes de oro, y a un kilómetro escaso inmensas moles de acero y ladrillo que configuran ese lugar falso y artificial que es el barrio europeo. Ambas caras de la ciudad transmiten un aire vago de decadencia. Bruselas es una ciudad esquizofrénica, construída a golpes, configurando una gran metáfora de lo que es este país. Retorcidas calles flamencas, dan paso a amplias avenidas de corte francés. Flandes contra Valonia. En cada esquina. Bruselas ha cambiado en cada siglo según de qué lado soplara el viento, generando una ciudad de contrastes que a ratos parece viajar plácidamente sobre la historia, y a ratos pelearse consigo misma.
La locura eclosiona en el Barrio Europeo, que a pesar de ser un gran campus de cara amable, no deja de aparentar la frialdad y rigidez que caracteriza a todo centro burocrático. Este barrio, no es un barrio. Es concretamente un polígono industrial dedicado a la producción de burocracia. Y ese es el aire que transmite. Frente al edificio de la Comisión Europea, una escultura simbolizaba de forma nítida la idea de Europa. Un hombre sobre un pedestal, mirando hacia adelante con una mezcla de ilusión y arrogancia, adelantaba un pie sobre el vacío. Tal es Europa.
Si bien de ello me daría cuenta más adelante, en Gantes, ya en Bruselas se apreciaba aquello que Lope de Ordás me había dicho al poco de encontrarnos: No es que se note la influencia española; es que en el fondo, nunca nos hemos ido. Esto es algo que se nota al entrar en cualquier iglesia. De hecho es algo que se nota en cuanto uno empieza simplemente a contar iglesias. Si bien yo jamás vi tanto y tan buen estilo gótico en España, no por ello las iglesias dejan de tener un aspecto típicamente español. Si a ello le sumamos las numerosas tumbas con nombres españoles en su interior, las numerosas vírgenes... en realidad es difícil de explicar, pero tenían un algo tremendamente familiar. La única diferencia respecto a nosotros es su casi insana obsesión con el pan de oro que usan indistintamente para decorar interiores y exteriores. Si todo ese oro lo hubieran dedicado a la guerra contra nuestros tercios, en vez de para pintar ornamentos, otro gallo les hubiera cantado. Pero eso es otra cosa que caracteriza a los flamencos y que demuestra su herencia ibérica. No son personas especialmente dadas al pragmatismo. Tienden a ser tan desordenados y poco rigurosos como lo somos nosotros. Y adoran la ostentación por encima de la funcionalidad. Eso sí. Ellos se toman lo de ostentar más en serio.
Y por el momento, hasta aquí mi crónica. Próximamente escribiré relatando más detalles de mi viaje.
Por la presente, se despide
Vuestro Leal Súbdito

lunes, 22 de marzo de 2010

Antes y mucho mejor

No merece gastar palabras en decir cómo me siento cuando otro lo dijeron antes y mucho mejor.
Es curioso como una canción que conoces desde siempre, de pronto adquiere un significado casi palpable.


miércoles, 17 de marzo de 2010

Spallanzani

Corría el siglo XVIII y al abrigo de la revolución científica, teorizar acerca de las grandes incógnitas del cosmos se había convertido en un divertimento común de la baja nobleza y la burguesía. Una de las cosas más curiosas y más chocantes era que, en contra de cualquier sentido común, y de lo que cabría esperar del pensamiento científico de la época, aún predominaba la teoría de la generación espontánea para explicar el origen de cientos de insectos y animales. Mientras que parecía bastante claro que un cerdo pequeño tenía que haber salido de uno más grande, la sensatez parecía difuminarse cuando se hablaba de ratones o moscas.
Como ejemplo, a principios del siglo, un brillante experimento demostró que si llenabas un jarrón de ropa sucia (preferiblemente de mujer) y granos de trigo, a las pocas semanas ¡zas! aparecían ratones. ¡Cielo santo! ¡Así que los ratones se formaban a partir de trigo y ropa sucia!
Afortunadamente, había gente como Francesco Redi que a pesar de tener la mala suerte de nacer en Italia, y ser católico, contribuyó de forma notable a reducir la estupidez colectiva cuando colocó un trozo de carne en un vaso, lo cubrió con una gasa y demostró que no aparecían larvas de mosca. ¡Así que las moscas nacen de otras moscas, y no de la carne podrida!
A mediados del XVIII un cura Irlandés, Needham, quiso demostrar la evidencia de la generación espontánea, así que cogío materia orgánica muerta, la hirvió para matar todo rastro de vida, y después tapó sus frascos... ¡con un corcho! Claro, a los tres días, aquello apestaba a vida de nuevo. Consiguió aislar protozoos y junto con el Conde de Buffón, Needham propuso que debía haber unos "átomos vitales" capaces de reorganizarse entre sí para formar vida.
Sin embargo, esto llegó a oidos de otro italiano, un tal Spallanzazani, cura, también, pero un poco menos teórico y un poco más práctico. Spallanzani había oído hablar de los animáculos de Leeuwenhoek y supuso que, debido a su diminuto tamaño, debían haberse colado por los poros del corcho. Así que repitió el experimento de Needham, pero él decidió calentar el cuello de las botellas, hasta que el propio cristal derretido selló el cultivo. Después hizo algo bastante poco frecuente en la ciencia de entonces: Seleccionó varias botellas y las dejó abiertas, otras las selló pero no las calentó, otras las calentó hasta que empezaron a hervir, y otras las calentó durante una hora.
Así refutó de forma contundente la generación espontánea y demostró, además, que hervir el cultivo unos minutos no basta para matar a todos los microbios. Triunfal, Spallanzani hizo públicos sus descubrimientos. Pero llego tarde. Para entonces la Royal Society, la misma que había impulsado el desarrollo de la ciencia durante casi un siglo, había cedido a presiones políticas y había aceptado a Needham como miembro. Una vez más, interpretaciones simplistas e interesadas de la ciencia se imponían a la evidencia de los hechos. Spallanzani dedicó toda su vida a intentar refutar las teorías de Needham, y aunque poco a poco, los hechos hablaban por si mismos, no faltaba quien aseguraba que el mantener las botellas selladas del modo en que lo hacía el italiano no permitía que los átomos vitales del aire, y que eran necesarios para la génesis de vida, penetrasen en el cultivo.
Sea como sea, Spallanzani nunca fue reconocido como científico en vida. No sería hasta muchos años mas tarde cuando Pasteur consiguió de una vez por todas, matar aquella absurda teoría.

martes, 16 de marzo de 2010

Aprendiendo a conocerme

Tarde o temprano tendría que ocurrir. Hay fantasmas que no huyem porque viven pegados a los propios huesos. Hay fantasmas que arañan, destruyen, confunden, se acantonan en emociones confusas y evitan que la sensatez haga sonar su voz. Esos fantasmas, de vez en cuando te destruyen. Y es cuando estás en lo más bajo, cuando realmente a tu alrededor sólo quedan tus propias cenizas, cuando los ves. Decía Confuncio que uno debe conocerse a sí mismo. El problema es que quizá llegues a odiar la persona que eres. Débil, cobarde, insensata, egoista. Conocerse uno mismo es un arma de doble filo. Quizá compense más vivir según la idea que tienes de tu propia persona, antes que aceptar lo que realmente hay debajo. Y alguien siempre puede decir... conocerte a ti mismo siempre te permite cambiar... pero es tan difícil cambiar...
Hace tiempo que llegué a una conclusión acerca de por qué hago teatro. Y es muy simple. Lo hago porque me gusta verme como me ven los demás. Así de simple, torpe y absurdo. Y para mi nada tiene sentido si no hay nadie que lo vea y lo aprecie. Por eso caigo tan fácilmente en la tentación de la melancolía. Por eso la soledad es tan insoportable.
Se abre un periodo de reflexión profunda. Debo empezar a conocerme a mi mismo. Tengo que encontrar el monstruo de dentro. Tengo que domesticarlo.
El pasaje más hermoso del principito es aquel en el cual conoce al zorro, y éste le pide que le domestique. "Domestícame" "¿Cómo?" "Hoy te sentarás aqui, y yo te miraré desde esos matorrales, te miraré con desconfianza, porque no te conozco. Pero si te sientas en este mismo lugar todos los días, poco a poco me acostumbraré a tu presencia, y llegará un día que me sentaré a tu lado. Entonces podrás acariciarme y jugar conmigo. Entonces me habrás domesticado". (Así es como yo lo recuerdo, pero no es exáctamente así). Tengo que domesticar el miedo.
Voy a hacerlo.

sábado, 13 de marzo de 2010

Réquiem por un Castellano

Ayer nos despertamos con la absurda noticia de que Miguel Delibes había dejado de respirar el mismo aire que nosotros. Había dejado, después de 89 años, los campos de cereal y los vientos castellanos para tener su merecido descanso en aquel lugar reservado a los más grandes. Hoy Miguel tiene escrito su nombre con letras de oro al lado del de Cervantes, Zorrilla, Tirso o Lope. Ha ocupado el lugar que la historia le reservaba.
Y eso es todo lo que puedo decir. Apenas leí un par de sus novelas. No era uno de mis favoritos. No se realmente casi nada de su vida ni de su obra. Sólo se que era un hombre sabio y tranquilo que vivió su vida como quiso. Y eso es mucho más de lo que se puede decir de la mayoría.
Escribo esto, a pesar de que realmente no quién fue Miguel Delibes. Pero, pardiez, era de los nuestros.

viernes, 12 de marzo de 2010

Copenhague

Sobre el año 1941, Heisenberg, físico alemán famoso por su "principio de incertidumbre", era el responsable del programa nuclear Nazi. No era un tipo de grandes convicciones políticas. Sencillamente trabajaba para su país en aquello en lo que quería trabajar. Sin embargo, ahora estaba considerablemente atascado, puesto que no conseguía calcular la masa crítica de uranio enriquecido necesaria para iniciar la reacción en cadena. Hasta ahora sus estimaciones pasaban por grandes toneladas, lo que haría totalmente inviable su uso bélico.
Sin embargo, un otoño de 1941, Heisenberg viajó de incógnito a Copenhague. ¿La razón? Visitar a su gran maestro y mentor Niels Bohr, padre de la teoría atómica vigente en aquel momento, y reputado físico judío, que en aquel momento vivía recluido en su hogar bajo la ocupación alemana de Dinamarca. ¿Qué ocurrió aquella noche? ¿De qué hablaron Bohr y Heisenberg? Nunca se sabrá, pues todos los que podían dar fe de lo ocurrido, evitaron el tema a lo largo de toda su vida, contradiciéndose unos a otros, y ahora están todos muertos.
¿Pidió Heisenberg a Bohr que le ayudara? ¿Le contó sus avances? ¿Le ofreció protección? Heisenberg se quedó atascado durante años en el mismo punto, algo extraño en un cerebro tan brillante como él ¿Acaso le convención su amigo Bohr de que bloqueara sus investigaciones?
Lo único cierto es que un año más tarde Bohr logró huir con su esposa hacia los Estados Unidos, donde tomo parte activa en el equipo que logró desarrollar la bomba atómica. Su contribución fue decisiva para... ¿sabéis que? Corregir las fórmulas que permitieron establecer la masa crítica necesaria en apenas 50 Kg. Justo aquello en lo que se atascaron los alemanes.
Y quizá, sólo quizá, hace casi 60 años, el futuro de la humanidad se decidió en la salita de estar de una pequeña casita a las afueras de Copenhague, en una misteriosa charla entre dos viejos amigos, que durante un par de horas, cargaron con el peso de la historia sobre sus espaldas. ¿Cómo sería hoy el mundo si Heisenberg hubiera conseguido la bomba? Hoy todo el mundo habla de Normandía, de la resistencia francesa, de churchill, de Roosevelt, de Rommel... Y sin embargo, puede que el futuro de la guerra y de la humanidad, lo decidieran dos personas sin grandes convicciones políticas, dos hombres de ciencia, delante de una taza de te, en una fría noche de otoño en Copenhague.
Para aquellos que queráis más información, podéis descargaros una obra de teatro de Michael Frayn que gira sobre este tema. La clave para abrir el archivo es 1libro+